Los segundos primeros minutos
Los comienzos ( y sobre todo los segundos comienzos) son complicados; eso todo el mundo lo sabe. Supongo que, por esta vez, lo más recomendable no sería arrancarme a escribir como una loca lo primero que se me pase por la cabeza. Mejor es esperar (dicen) mejor es pedir ayuda ( aconsejan) y qué mejor que hacer lo que debes hacer... y aprovechar para hacerlo en estas páginas... ( ya que en tu día a día te lo figuras como imposible)
http://www.youtube.com/watch?v=SJfu14Ayzp4&feature=related
Los dos echamos cuentas, Kelly llego a una conclusión, supo que tenía que olvidarme, y yo también, que la había perdido, porque nunca podría salir de aquella isla, moriría allí totalmente solo. Me pondría enfermo, me haría daño con cualquier cosa.
Lo único que podía elegir, lo único que podía controlar era el cómo, el cuándo y dónde iba a pasar, así que, fabriqué una cuerda, y subí hasta aquella cima para ahorcarme, pero tenía que probarlo, claro, ya me conoces y el peso del tronco rompió la rama del árbol, así que, ni siquiera pude matarme como yo deseaba, no tenía poder sobre nada.
Fue entonces cuando una sensación me envolvió como una cálida manta. De algún modo entendí que tenía que sobrevivir, como fuera, tenía que seguir respirando, aun sin motivo para la esperanza, la lógica me decía que no volvería a ver este lugar de nuevo. Y eso es lo que hice, sobreviví, seguí respirando. Y un día esa lógica resulto estar equivocada, porque la marea trajo una vela con que navegar, y aquí estoy, de vuelta, en Memphis, hablando contigo, tengo hielo en mi vaso, y he vuelto a perderla otra vez. Estoy muy triste por no tener a Kelly. Pero me alegro de que estuviera conmigo en aquella isla. Y ahora sé lo que debo hacer, seguir respirando, porque mañana volverá a amanecer, y quién sabe que traerá la marea.
(Naufrago, 2000)
